Manejar bajo la lluvia o de noche puede pasar de ser un viaje tranquilo a una situación de estrés total si no ves lo que tenés adelante. A menudo nos enfocamos en el motor o las cubiertas, pero la visibilidad es tu primera línea de defensa en la seguridad vial.
Si sentís que tus luces ya no iluminan como antes o que las escobillas hacen más ruido del que limpian, esta nota es para vos. Acá te contamnos cómo mantener estos dos aliados en perfecto estado con consejos simples y prácticos.

1. Escobillas: que la lluvia no te frene
Las escobillas limpiaparabrisas son de esos elementos que solo valoramos cuando diluvia. El sol, el polvillo y los cambios de temperatura resecan la goma, haciendo que pierdan eficacia.
- El truco del mantenimiento: no esperes a que llueva para usarlas. Una vez por mes, pasales un trapo húmedo con un poco de detergente o líquido limpiaparabrisas para sacarles la suciedad acumulada. Eso evita que se rayen y que «salten» al barrer.
- ¿Cuándo cambiarlas?: si dejan marcas (vetas) de agua, si hacen ruido a fricción o si ves que la goma está quebrada, ya cumplieron su ciclo. Lo ideal es cambiarlas una vez al año, preferentemente antes de que arranque la temporada de lluvias.
- No te olvides del líquido: chequeá siempre que el depósito tenga líquido específico (evitá el agua de canilla sola, porque el sarro tapa los sapitos).

2. Luces: ver y ser visto
Tener todas las luces funcionando no es solo para evitar una multa; es la forma en que te comunicás con los demás conductores.
- Limpieza de ópticas: con el tiempo, los faros se ponen amarillentos u opacos por el sol. Esto puede reducir tu visibilidad hasta un 30%. Si están muy opacos, podés pulirlos para que recuperen su transparencia original.
- Alineación correcta: ¿te pasa que te hacen señas de luces aunque vayas con las bajas? Es probable que tus faros estén desalineados. Unas luces muy altas encandilan al que viene de frente y unas muy bajas no te dejan ver obstáculos a tiempo.
- El chequeo de rutina: pedile a alguien que se pare fuera del auto y verifique: luces bajas, altas, de posición, de freno y, muy importante, la luz de marcha atrás y las balizas. Cambiar una lamparita quemada es de los arreglos más baratos y rápidos que podés hacer.
Cuidar la visibilidad de tu auto no requiere ser un experto en mecánica ni gastar una fortuna. Con una limpieza regular y un cambio a tiempo, te asegurás de que nada te tome por sorpresa en la ruta o la ciudad.
Antes de salir en tu próximo viaje, tomate dos minutos para chequear tus «ojos» en el camino. Manejar con visibilidad total es manejar con confianza. ¡Buen viaje!
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